Publicado por el Diario El Mundo Economía y Negocios 05 nov 2015, Caracas . Venezuela.
La actividad de explotación y exportación de compuestos de hidrocarburos ha permitido mantener la dinámica económica en Venezuela desde al menos la segunda década del siglo XX hasta nuestros días. Ha sido realmente un boleto regalado con el que los venezolanos han viajado constantemente a las tierras del ‘bienestar económico’, aunque intermitentemente, y con el que se ha mantenido una parte importante del nivel de producción y de consumo en el país. Una persistente dependencia sin precedentes en la historia venezolana, que por tanto tiempo nos ha concedido la oportunidad de ‘patear hacia delante’ las transformaciones productivas y económicas menesteres para un ambiente más estable, con condiciones más oportunas para el largo plazo y vinculables con el desarrollo económico y social de la nación.
A este respecto, ya muchos intelectuales y críticos nacionales han señalado la vulnerabilidad que Venezuela consiente al colocar toda su dinámica interna sobre el ‘juego del azar’ que significa la ruleta lúdica de los precios de los hidratos de carbono en los mercados internacionales. Y es que la economía venezolana vive constantemente encendiendo velas sobre el altar de los santos de la catástrofe, que a veces responden pero que a veces no. Así, en la séptima década del siglo anterior la catástrofe que produjo la Guerra del Yom Kipur provocó más de un lustro de sincero auge, y la escalada más importante del ingreso y del consumo que Venezuela había ostentado hasta la fecha. Los ‘santos’ de ese altar no respondieron sino hasta luego del advenimiento del segundo milenio, y no fue sino hasta a partir del 2001 cuando Venezuela volvió a vivir una época dorada, nuevamente con incrementos de ingreso y consumo sin precedentes hasta ese momento.
Pero más de allí no se ha hecho mayor esfuerzo para establecer condiciones más permanentes que garanticen el bienestar económico del país. Salvo la infructuosa política de ‘sustitución de importaciones’ puesta en marcha unas cuantas décadas atrás, no se ha puesto mayor preocupación por superar el modelo rentístico y altamente dependiente de los precios de hidrocarburos –especialmente del mercado del petróleo crudo– en los mercados de energía internacionales. Vale la pena llamar acá la atención sobre algunos temas bastante pertinentes.
La energía es clave para el avance de la economía global. La energía es la variable que permite el cambio en el mundo. Hace unos cuantos miles de años, la energía con que contaban las sociedades por antonomasia era la energía cinética sacada de la actividad muscular puesta por los miles y cientos de miles de esclavos que durante siglos enteros estuvieron testificando el avance histórico de la humanidad. Más tarde esa labor fue compartida con el animal, y juntos, humano y animal, fueron los motores energéticos con los que se construyó, desconstruyó y reconstruyó este mundo desde hace ya suficiente tiempo.
Luego de la famosa Revolución Industrial, la generación de energía se puso más en la responsabilidad de dispositivos tecnológicos inventados por el Hombre, y de cierto progreso científico que permitió hacer uso del carbón como generador primordial de energía. Después, el cambio del sistema de carbón por el uso de hidrocarburos como elemento energético por excelencia en el mundo, y con la llegada de la Segunda Revolución Industrial, todas aquellas economías dependientes de la explotación y comercialización del carbón sufrieron sin cabida a duda un importante envilecimiento que obligó a cambiar de paradigma, e inventar nuevos modelos económicos más acordes con la realidad vigente de aquel tiempo. Venezuela entró –con su subsuelo enriquecido enormemente de material hidrocarburo fósil– al conjunto de naciones que tomó ventaja de ese cambio estructural dedicado a la nueva época económica mundial, a la época de oro del petróleo y derivados como nuevos motores energéticos.
Se avecina hoy, y sobre todo luego de las innovaciones traídas por nuevos paradigmas tecnológicos, un nuevo cambio estructural de las formas y maneras con las que se consigue energía. La producción y el uso de procedimientos más eficaces, con mayor dinamismo, más amigables con el medio ambiente pero también más sustentable y sostenibles en el tiempo para la obtención del recurso energético. Con la aparición de procesos eólicos, marinos, térmicos, entre otros, el mundo actual se está capacitando para suplantar el uso de fósiles hidrocarburos como fuente básica para la generación de energía, y con este nuevo cambio histórico también se aproxima una pertinente preocupación para Venezuela por adaptarse a un mundo que no necesita más de su petróleo, y que por tanto obliga a buscar actividades económicas menos tradicionales con los cuales insertarnos en la dinámica económica planetaria.
Hoy por hoy resulta bastante difícil imaginarse la economía venezolana sin el soporte que la venta de hidrocarburos le brinda para su sustento cotidiano y no tan cotidiano, pero es imperativo que aquellos a cargo del diseño de políticas económicas comiencen a pensar en un ambiente en el que el petróleo y sus derivados no jueguen el papel fundamental en las finanzas nacionales, para así encontrar las alternativas más prudentes y con mejores promesas en una historia pos-petrolera de la economía mundial, de otra manera se advierte de la peor catástrofe económica y social por la que jamás haya atravesado la nación desde el inicio de sus tiempos.

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