El viraje diestro de la América Latina


Publicado por el Diario El Mundo Economía y Negocios oct 2016, Caracas . Venezuela.

Las décadas de los ochenta y noventa fueron fieles testigos de los errores cometidos durante lustros enteros en los países del hemisferio sur del nuevo continente. Las ideas que se impartieron desde el norte, básicamente alineadas con la concepción neoliberal de libre mercado y de alianza con las compañías multinacionales estadounidenses, europeas y japonesas, fueron configurando política y económicamente a los países de la América Latina luego del cese de la segunda Gran Guerra. Así, apoyadas en la reducción arancelaria y en las políticas esenciales que dirigían organismos supranacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), estos países fueron adquiriendo una forma cada vez más amigables con los intereses de las naciones más desarrolladas en el mundo, especialmente con los Estados Unidos, y con las maneras de poder que ofrece neoliberalismo y el Consenso de Washington.

Sin embargo, las cosas no fueron desarrollándose como las promesas que aquellas fuentes les habrían predicho a sus seguidores latinoamericanos. El pedazo de historia que arropa a la Iberoamérica de las décadas de los setenta, ochenta y noventa no fue más que una constante decadencia económica, política y social que se manifestó en golpes de Estados, procesos hiperinflacionarios, penurias alimentarias, incremento de la pobreza y represión, sobre todo mucha represión para aquellos que se atrevieron a protestar sus pauperizadas vidas. Una crisis desbordada que obligó luego a la CEPAL a condecorar a los ochenta como ‘la década pérdida de la América Latina’.

La respuesta a la agobiante situación fueron gobiernos de izquierda, elegidos por la votación popular de quienes vivieron en carne propia las desgracias y miserias que habían promocionado los apologistas del libre mercado y del neoliberalismo. Fueron momentos muy desdichosos los que se vivieron, y que hicieron impulsar cambios políticos que, con el precedente de Salvador Allende en Chile, luego comenzarían a sentirse en el resto de la región. Poco a poco, en algunos países antes y en otros después, se fue reconfigurando el mapa político de Latinoamérica a favor de movimientos de izquierda, en un proceso que justo ha durado hasta el presente, pues es ahora cuando comienzan a respirarse vientos de cambio nuevamente.

El cambio político que en la época dieron países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Nicaragua, Honduras y Venezuela, por sólo nombrar a algunos, establecieron gobiernos que poca afición tuvieron con los poderes tradicionales de cada una de estas naciones, y que en cada momento demostraron desvincularse aún más de las pretensiones estadounidenses y europeas en el desarrollo de los acontecimientos de la región. Así se originaron programas de integración regional que como la UNASUR, Mercosur, la CELAG, y entre otros tantos demostraron un nuevo panorama geopolítico y económico al sur de América, más cercanos entre vecinos y más alejados del mundo desarrollado.

En todo caso, el financiamiento de todos estos procesos siempre estuvo en manos de incremento de los precios de algunas de las materias primas más comercializadas en el mundo, principalmente de los hidrocarburos –en el caso de Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia– y que tradicionalmente se producen en estos países, en un auge económico que muy curiosamente comenzó luego de que los poderes occidentales comenzaran sus intervenciones beligerantes en el Medio Oriente, y de que la economía mundial reaccionara a tales maniobras militares que sobre todo los Estados Unidos emprendía en los desiertos de las naciones islamistas.

Pero se debe ser sincero, y se debe advertir que los gobiernos de turno, autoproclamados ‘socialistas’ y de izquierda, cada vez fueron invirtiendo menos en el desarrollo nacional y cada vez vinieron auspiciando más procesos de conveniencia propia, políticos y económicos, que garantizaran su permanencia jacobina en el poder, y que les fomentaran las inmensas sumas de riqueza y privilegios económicos, políticos y jurídicos de los que ahora gozan sus familiares y allegados más cercanos, pues representan la nueva oligarquía en sus fronteras nacionales, violando todos y cada uno de los discursos populares y de inclusión que caracterizaron sus propuestas mientras buscaban ascender a las instancias del poder.

Casos de corrupción asquerosamente rimbombantes como los de Cristina, abajo en la Argentina, o como los de Lula en luso-América, o los de Ortega en Nicaragua, por no de hablar del episodio venezolano que sin duda se las lleva todas ¡y dos veces!, en lo que se ha vuelto una rapiña inescrupulosa que carga sobre ella la nueva crisis Latinoamericana, y en lo que promete ser la nueva ‘década perdida’ para la región.

Los aprietos que sienten estos pueblos, al día de hoy, significan un nuevo reto a superar en los siguientes años. Y es que el malestar económico, político y social por el que atraviesan estas sociedades comienza a propiciar cambios de poder en lo que parece ser un nuevo viraje en América Latina. Un viraje en el que esta vez se mira más a la diestra que a la siniestra zurda demagoga que ahora pierde el terreno. América Latina comienza abrirse el paso hacia las formas tradicionales de libre mercado, y a alejarse de los planes socialistas ensayados por los grupos políticos antes citados.

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