Publicado en mayo 2016, en el clima de las elecciones presidenciales en Venezuela.
HERMANOS VENEZOLANOS: INFORMACIÓN IMPORTANTE
Existe mucha confusión sobre el tema político actual, sobre todo después que el CNE burlara el sistema electoral con tanto descaro como lo hizo el pasado domingo. Debe decirse la verdad:
Esta no es la primera vez que el CNE rojo estafa electoralmente a Venezuela. De hecho, desde el referendo 2004, el PSUV ha ganado solo una elección en 2006 contra Manuel Rosales (incluso esta vez, a pesar de haber ganado legítimamente, decidió aumentar la diferencia de votos a favor de Hugo). El fraude electoral del CNE rojo realmente fue diseñado en la Habana mucho tiempo antes que el Teniente Coronel Chávez se aventurase en el Golpe de Estado de 1992. Verdaderamente se trata de un plan pensado y articulado por el difunto Fidel Castro –en su misión como Ministro Soviético para América Latina– justo después que fracasara en su toma política armada durante los años 60, 70 y 80 (su mayor conquista por este medio fueron las FARC colombianas que hoy entregan sus armas y se comienzan a manifestar políticamente).
El fraude electoral fue diseñado de la siguiente manera: fabricar votantes fantasmas a través de la incorporación de personas inexistentes en el Archivo de Identificación Nacional, registrando a estos fantasmas dentro del REP del CNE con cédulas falsas. La antigua ONIDEX (actual SAIME) desacreditó el anterior sistema de cedulación –cuyo mecanismo no cabe explicar ahora pero para mayor información investiguen, y por favor pido que investiguen los informes de ESDATA–, colocando la responsabilidad de administrar el Archivo de Cedulación en una empresa cubana de nombre ALBET (por favor, investiguen dicha compañía si de verdad quieren enterarse de lo que está pasando). ALBET ha infiltrado hasta la fecha alrededor de 6 millones de cédulas que carecen de partidas de nacimiento, es decir, gente que nunca nació pero que está apta para votar, y en efecto ¡votan!
Las auditorías que se les han practicado al CNE, y por las que distintas organizaciones tales como el Centro Carter han elogiado el sistema electoral venezolano, van de la siguiente manera: Se emite un voto, y quien vota toma su recibo impreso para depositarlo en la famosa “caja electoral”. El sistema electrónico comunica dicha información a una central que capta telemáticamente el voto y lo contabiliza. Más tarde, al abrirse las cajas y contar la cantidad de recibos electorales, debe compararse dicha cantidad con los votos telematizados y dirigidos al contador electrónico central en las oficinas del CNE. De no cambiarse las cajas, todo debería estar perfecto. Luego, la única manera en la que se podría violar este sistema no pudiese ser mediante la manipulación electrónica de las máquinas, sino con la inclusión de personas fraudulentas que voten sin tener el permiso para hacerlo (votantes fantasmas dentro del REP). El CNE se cubre las espaldas conciliando el Archivo de Cedulación con los datos de su REP; si todas las cédulas de identidad que aparecen en el REP se compatibilizan con las del Archivo de Cedulación, entonces para el Centro Carter y para la OEA no hay problema, todo es transparente.
Sin embargo el problema es otro.
Lo que está turbio no es el REP, sino el Archivo de Cedulación, y por tanto la auditoría no debe ser dirigida al CNE sino al SAIME, y sobre todo a la empresa cubana ALBET. Es importante contarles un pequeño secreto, y es que para que las cuentas demográficas cuadraran y así lograr justificar los 6 millones de votantes que sobran en el REP, el INE debió entrar en la tramoya: realmente existe menos, mucho menos, de 30 millones de venezolanos vivos en el mundo vigente; el CENSO del INE ha sido también forzado por el gobierno rojo. Esto último es un golpe bastante fuerte para los incrédulos que han estado fuera del desarrollo de todo este proceso durante los últimos años.
Los partidos opositores obvio que se dieron cuenta de todo esto. Y esta fue la razón por la que se negaron a participar en las parlamentarias de 2005. Muy importante leer este año, pues el primer fraude electoral rojo se realizó para el referendo 2004 –de nuevo, importante revisar los informes de ESDATA al respecto–. Desde el año 2004 el gobierno rojo ha contado con una ventaja de entre 5 a 6 millones de votantes fantasmas –fantasmas que en algún momento de lucidez y honradez de quienes trabajaron en ALBET, decidieron dejar rastros nombrando a algunas CI con nombres que delataran todo el proceso tales como “Batman”, “Superman” y “Venezuela Socialista”. Estos nombres son verificables como venezolanos aptos para votar dentro del acceso al REP que CNE exhibe en su web site, ¡y han votado!–, y créanme cuando les digo que han hecho uso de ese recurso. Los partidos de oposición, al darse cuenta que la población en general permanecía ignorante de todo esto, antes de denunciarlo y correr el mismo riesgo que corrieron en las parlamentarias 2005, decidieron hacer juego con esta situación y sacar provecho, por lo que optaron por callar. Y callaron a cambio de dinero y a cambio de ventajas políticas. Julio Borges, Ramos Allup, y Henrique Capriles conocen esta realidad, pero estuvieron decididos a callar hasta que “la olla se destapara por sí misma”.
¡La olla se destapó!
Y se destapó luego de que el dictador Maduro robase las elecciones de 2013 en contra de Henrique Capriles, solo que se destapó de una manera distinta a la pensada inicialmente: la diferencia electoral desde 2013 en adelante es tan abrumadora, que obligó al CNE a mutar el modus operandi con el que se producía el fraude electoral i.e., no alcanzaron los 6 millones de votos fantasmas para asegurar la victoria electoral de Maduro por encima de Capriles en 2013, así que procedieron a modificar la data electrónica de las máquinas Smartmatic. Son justo los casi 300 mil votos que le peleaba Capriles al CNE en la estafa electoral que se había producido en 2013. Y es por ello que el CNE se negó a abrir las cajas electorales en aquel momento, porque no existían los recibos de votación que sumaban electrónicamente la victoria roja sobre el cambio representado por el polaco Capriles (¡sí!, Capriles también tiene dos nacionalidades).
La realidad, aunque la MUD la haya callado, fue que Capriles le sacó una ventaja millonaria en votos al dictador Nicolas Maduro –investiguen por favor las declaraciones de los expertos informáticos Anthony Daquin y Christopher Bello quienes trabajaron para Diosdado hasta la realización del fraude 2013–.
A nadie asombro cuando digo que el margen de descontento se ha incrementado desde 2013 hasta el día de hoy. El pasado domingo no fue suficiente sumar los 6 millones de votos fantasmas del REP, por lo que procedieron a manipular los datos electrónicos –qué casualidad que ahora si se manifieste Smartmatic al respecto–. A los votos de la ANC del pasado domingo no sólo debemos descontarles los 6 millones de votos ficticios con los que ALBET ha alimentado el padrón electoral, sino que también se debe descontar la manipulación electrónica hecha por Lucena y Cabello en las oficinas del CNE.
Y se debe decir varias cosas, y varias cabezas deben rodar.
Debe decirse que para que todo este cuento haya sido creíble durante años, el gobierno debió apoyarse en algunas personas que hicieran lucir toda la situación como verídica. Hablo por ejemplo del Sr. Luís Vicente León, que como por arte de magia acertó todos sus pronósticos electorales desde 2003 en los que CNE metió “votos chimbos”, como si alguien le hubiese “pasado el dato” con antelación. No hablemos de Schemel. También debe rodar la cabeza de dirigentes falsos de oposición como Manuel Rosales, Henri Falcón, Omar Barboza, Henri Ramos Allup, Julio Borges, y entre otros que han vendido su silencio, algunos a cambio de dinero y otros a cambio de posicionamiento político, para su beneficio propio. Son estas mismas personas las que hoy abogan por olvidar el fraude ANC del pasado domingo y precipitarse de nuevo a elecciones regionales, haciendo continuar la misma dinámica fraudulenta del CNE. Debe “echarse la paja” a los técnicos de la MUD que han avalado las auditorías a sabiendas de toda esta tramoya, y aquí deben salir los nombres de Guillermo Aveledo, Félix Arroyo, Vicente Bello y Roberto Picón (hoy preso en el SEBIN precisamente para que no abra la boca). José Ramón Medina, cuya sociedad del banco BOD comparte con Victor Vargas, fue quien financió la compra de las máquinas Smartmatic en 2003. Estas máquinas las fue a buscar Jorge Rodriguez a Italia en el mismo año para prepararlas para el primer fraude electoral rojo en 2004. El señor Vicente Diaz y Teodoro Petkoff también jugaron en este juego rojo, cuya estrategia siempre fue resolver todos los conflictos políticos en Venezuela mediante elecciones, al mismo tiempo que sabían que todos los procesos electorales estaban amañados, y por lo tanto siempre se hizo lucir a la dictadura de Hugo Chávez como una auténtica democracia en la que se celebraban al menos un proceso electoral por año en promedio, en el “sistema electoral más transparente del mundo”. Todo lo resolvían con elecciones.
¿Qué hacer ahora?
Deben saber que la MUD está a punto de quebrarse, ¡y clamemos por que así sea! Los partidos en los que realmente se puede confiar como verdaderos opositores al gobierno rojo –y quiero ser responsable con esto: se puede confiar como verdaderos opositores, más no quiere decir que buscan el bienestar de todos en Venezuela, pues gente como Maria Corina es opositora de verdad, pero sus intereses son más particulares que generales– son: Voluntad Popular (VP), Alianza al Bravo Pueblo (ABP ) y Vente Venezuela (VV) –gente como Diego Arria y Pablo Medina ya no aparecen en el espectro político, pero son opositores de verdad–. Corresponde sobre todo a VP partir la unidad, y tomar el liderazgo de todo este proceso, pues no es raro que los Sres. Allup (AD), Borges (PJ), Rosales (UNT) y Falcón (AP) estén llamando a nuevas elecciones y al mismo tiempo interfieren en el nombramiento de un nuevo CNE que salte todas estas trabas fraudulentas.
La salida por la vía electoral va a ser muy sangrienta –esto es justo lo contrario de lo que afirman los delincuentes de la MUD– puesto que si se quiere hacer valer el voto, se debe cuidar los resultados con sangre, pues los señores Tarek Aissami, Diosdado Cabello y Fredi Bernal están dispuestos a matar, y matar mucho antes de reconocer resultados. La salida debe ser a través del desconocimiento de las instituciones infiltradas por el gobierno rojo, sobre todo la que se maneja desde Miraflores y el CNE. Sin un cambio de la directiva del CNE confiable no debemos ir nuevamente a elecciones, de otra forma caeremos de nuevo en la trampa electoral del Sr. Allup y sus asociados, quienes sólo están intentando “salvar sus pellejos”, y han demostrado no interesarse por quienes hoy padecen de cerca el peso de la dictadura. La presión debe ir no hacia el gobierno rojo, sino hacia la actual AN, exigiéndole sobre todo a H. Allup y a J. Borges que nombren nuevo CNE. Esto último es lo más indispensable.

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