Publicado por el Diario El Mundo Economía y Negocios ene 2016, Caracas . Venezuela.
Tras las pasadas elecciones del mes de noviembre que dieron como ganadora a una nueva línea de poder, con referentes distintos a las del tradicional pero obsoleto kirchnerismo, la nación argentina aparenta encaminarse hacia una dinámica social, política y económica distinta a la que venía desenvolviendo. El gobierno de Cristina había puesto en práctica un conjunto de políticas y deliberaciones que, tal y como lo hace el actual gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, acentuaban el rol del gobierno sobre la actividad económica, dejando poco espacio para la acción privada, y manteniendo en relación de dependencia a una gran parte de la vida social y económica del conjunto de la población en manos de quienes administran el poder estatal central.
Las cosas comenzaron a cambiar luego de que Mauricio Macri tomara la posesión del Poder Ejecutivo. En el poco tiempo que cuenta como Presidente de su nación, Macri ha adoptado una nueva forma de hacer política y economía, implantando medidas más acorde con la cultura de mercados, distanciándose cada vez más del despotismo gubernamental que caracterizó al segundo gobierno de la bonaerense Kirchner, y haciendo énfasis en la liberación del mercado cambiario para el Peso argentino. Lejos de los resultados que predecían los hechiceros económicos peronistas del partido de Cristina, la economía argentina parece haber metabolizado correctamente las deliberaciones económicas hechas por el actual gobierno: la inflación comienza a descender notablemente a sólo dos meses de la toma de posesión del gobierno vigente (desde diciembre del año anterior); la tasa cambiaria incrementó su valor respecto al antiguo dólar oficial, pero se mantienen por debajo del valor paralelo de la divisa con el que se transaba en mercados al margen de los mecanismos oficiales, y continua cayendo. De la misma manera se comienza a sentir un cambio de clima favorable en cuanto a las inversiones, y una consecuente recuperación económica para los años que quedan por venir.
En Venezuela el panorama es poco distinto. El gobierno rojo desestima las conciliaciones con el modelo de mercados hasta el punto de no prever ningún tipo de acercamiento con la actividad privada. Aún persiste la imposición de una tasa cambiaria oficial muy por debajo del valor real del Bolívar –en el presente se adquiere mucho más con un dólar en el extranjero que con Bs 6,30 en cualquier espacio del mercado nacional–, también se desconoce, y se hace adrede, los estragos que implica la actual inflación, cuyo desarrollo comienza a despertar los pasos de un proceso hiperinflacionario que amenaza aún más la calidad de vida de los venezolanos, por no hablar del deterioro exhaustivo que esto coloca sobre las cuentas económica de la nación. Y en el pleno núcleo de la crisis, el gobierno desprecia abiertamente una coordinación con el sector productivo privado, rehusándose a participar en un plan integral que cumpla con el fin de incrementar los niveles de inversión y de producción, y con ello garantizar una oportuna salida ante los preocupantes grados que ha alcanzado la escasez de productos básicos, y los bajos valores en los que se mantiene los ingresos familiares –sueldos, remuneraciones y salarios–.
Los resultados pudieran ser previstos con suficiente anticipación como para cambiar el rumbo. Sin una oportuna devaluación que descoloque los incentivos a las importaciones y al enriquecimiento fácil –a través del arbitraje–, las cuentas externas continuarán su ya estrepitoso envilecimiento. Asimismo, sin un control más austero sobre la facultad de impresión monetaria del Banco Central, la inflación proseguirá su desarrollo hasta arribar niveles que difícilmente se puedan revertir con la misma moneda nacional. Y sin una amistad propicia entre la entidad gubernamental central y los medios de producción privados, tanto la escasez como la producción doméstica, y con ello el empleo nacional, prolongaran su caída generando mayores ruinas y penurias para quienes están inmersos en la dinámica económica y social venezolana.
Y aun cuando las respuestas de la administración de Maduro a todos estos asuntos sea la negación y la imprudente ignorancia, y aun cuando la gran mayoría de los venezolanos expresaron su descontento con el actual modelo durante las pasadas elecciones parlamentarias del 06 de diciembre, las directrices del actual gobierno parecen acentuar más todavía las políticas erradas y despóticas con las que se ha auspiciado la crisis vigente, y al modelo obsoleto y perverso con el que pocos se han vuelto muy ricos a costa del empobrecimiento de la mayoría. Por lo tanto, y mientras las condiciones permanezcan inalteradas, los efectos que se esperan para los siguientes meses son abyectos, y sin frutos asertivos para la mayoría de los venezolanos. Se debe ser responsable y advertir, muy seriamente, sobre los posibles escenarios que se aproximan de continuarse con la misma línea de políticas económicas y deliberaciones estatales que hasta ahora se han visto: se debe informar sobre el realce que se prevé de la crisis, comprendiendo niveles ulteriores de escasez e inflación, mayores dificultades para acceder a divisas oficiales y el incremento de la tasa paralela de la divisa, sin dejar de mencionar la mitigación de la producción y el empleo nacional, y cada vez con menor margen de maniobra al momento de buscar las adecuadas soluciones a esta problemática. Muy distinto al vuelco que aparentemente marcó Argentina, Venezuela parece aproximarse a una crisis de mayor envergadura durante los siguientes meses.

No hay comentarios:
Publicar un comentario