1. Instalación
del sistema fraudulento electoral CNE:
En Venezuela
el voto es digital. Esto significa que no hay mucha diferencia entre cumplir
con el requisito de la democracia por excelencia -el voto-, y retirar dinero de
un cajero automático de cualquier banco. La dictadura venezolana logró producir
no menos de cinco millones de documentos de identidad falsos (cédulas en la
jerga caribeña), de personas que no existen ni que nunca vivieron. Cinco
millones dentro de un universo de treinta millones de habitantes (por lo que
realmente existen veinticinco millones de venezolanos hoy en el mundo, distinto a lo que señalan las estadísticas del CENSO nacional inventadas por el Estado venezolano). Esto es
flagrante, sobre todo en el caso de personas que se llaman “Batman”, “Superman”,
“Venezuela Socialista” y nombres que van por ese estilo. Se conoce, y además
con todas las pruebas necesarias, de individuos que poseen quince, veinte y hasta
treinta documentos de identidad. Todos ellos votan durante las elecciones, ¡y
vaya que lo hacen! Todas las mismas veces que se repite su identidad, con foto
incluida, y en cada una de esas cédulas que ostentan.
De manera que
en Venezuela no se celebran verdaderos comicios desde hace unos cuantos años.
Yo personalmente me he adentrado en esta investigación, y conozco de factores
que explican la perpetuación de un sistema fraudulento que data al menos del
año 2003. De hecho, la empresa que se encarga de crear, distribuir y
administrar el “archivo de cedulación” del país, es una empresa “privada”
cubana de nombre “Albet”, cuyo centro de operación se encuentra dentro de la
Universidad de la Habana, allá en isla caribeña. Esto último llama mucho la
atención, especialmente cuando se conoce sobre la imposibilidad de la creación de
entidades privadas dentro del recinto político controlado por los Castro.
En las últimas
elecciones presidenciales, llevadas a cabo en el mes de mayo de 2018, los
documentos de identidad falsos no fueron suficientes para llevar a Maduro al
poder. Entonces se valieron de otras “truchadas”. Procedieron a inhabilitar
candidatos presidenciales opositores a la dictadura con bastantes oportunidades
electorales. También golpearon a votantes en aquellas zonas en las que menos se
estima a la dictadura. Asesinaron a unos cuantos venezolanos que se atrevieron
a protestar. Cerraron centros de votación en los que faltaba gente por concluir
su derecho, y así extendieron el tiempo en otros que favorecían la candidatura
del narco dictador Maduro. La hazaña más flagrante de todas fue la existencia de
centros de votación en los que Maduro obtuvo el 100% de los votos. Lo más raro
de estas últimas situaciones fue que en esos centros terminaron “votando” más
gente de la que estaba inscrita. Todo eso, descontando la abstención cercana
del 70% con la que se manifestó el proceso, pues el venezolano ya no cree en
ese sistema.
Obviamente se
robaron las elecciones presidenciales de 2018. Y eso justamente despertó la
crisis política actual.
2. Nacimiento de un Estado paralelo y usurpador:
Algunos años
atrás, la oposición logró acertar la mayoría de los votos para las elecciones
del Congreso venezolano (la Asamblea Nacional en la terminología tropical). Ese
triunfo delante de la dictadura también costó algunas decenas de muertos, así como la persecución política para otros, e incluso la criminalización de
partidos políticos opositores al régimen. E incluso después de la instalación
de la nueva Asamblea Nacional, el poder del Estado despótico y tiránico
inhabilitó a cuatro de los diputados correctamente electos, bajo el supuesto de
fraude electoral que hasta al momento no han logrado comprobar, y no obstante
aquellos diputados jamás pudieron ejercer su derecho como representantes
electos.
En virtud de
esta derrota política, la dictadura de Maduro resolvió crear una asamblea
nacional constituyente (anc) -así, en minúsculas-, que básicamente es una
institución paralela y abiertamente desconocida por casi la totalidad de los
países del mundo, sin hablar del resto de instituciones políticas que a nivel
mundial nos amparan como Humanidad. Esta aberración institucional se aventó con
la creación de un tribunal supremo de justicia -paralelo al legítimamente
constituido por la Asamblea Nacional, y por lo tanto también escrito con
minúsculas-, con el que comenzaron una fuerte persecución al espacio político
ganado por la oposición meses atrás, y que se había ganado literalmente con
lágrimas, sudor y mucha sangre. El tsj procedió a aniquilar a la Asamblea
Nacional declarándola en desacato.
Cabe destacar
que el TSJ legítimamente constituido por la verdadera Asamblea Nacional, fue
criminalizado hasta el punto de llevar su persecución hasta el exilio.
Actualmente el TSJ de Venezuela se encuentra fuera de sus fronteras, y sus
Magistrados son buscados por la tiranía venezolana con el fin del
encarcelamiento.
Este nuevo, paupérrimo
y paralelo tsj, fue el que propuso adelantar las elecciones presidenciales
correspondientes en diciembre de 2018 hasta mayo del mismo año, objeto este que
es ilegal puesto que ese “adelanto” no está estipulado por ninguna de las leyes
venezolanas. De modo que existe en Venezuela -y sobre todo luego de la asunción
presidencial de Juán Guaídó hace sólo un par de días-, dos Estados. O mejor
expuesto: Un Estado y un estado. El primero es el constitucional, así en
mayúsculas grandotas. El otro es una abyección jurídica y un insulto a la
cultura política de la nación con una anc, un tsj y ahora un presidente de
facto (aunque cada vez menos) paralelos a las verdaderas instancias
constitucionalmente erigidas.
3. La autoproclamación del dictador Maduro: 10 de enero de 2019
Según la
legalidad venezolana, quién es presidente debe asumir sus responsabilidades
como tal ante la Asamblea Nacional a la fecha 10 de enero del año
inmediatamente siguiente del resultado de las elecciones. Y con bastante
fundamento la Asamblea Nacional se negó a darle ese privilegio a la dictadura.
No se reconoció al tirano Nicolás Maduro como la verdadera equivalencia del
escapulario presidencial que viste al poder ejecutivo venezolano durante el 10 de enero
del presente año. Ni la Asamblea Nacional, ni tampoco el TSJ legítimo y
exiliado. Ni la Unión europea, ni la OEA, ni el Grupo de Lima, ni Canadá, ni
EE. UU, ni Japón, ni Australia, ni Guatemala, ni Honduras, ni Argentina (ni casi ningún otro país o ninguna otra institución supra nacional del ámbito político, económico y financiero mundial) reconocieron esa atrocidad jurídica.
¡Maduro quedó solo!
O no tan solo, pues lo reconocieron como presidente de Venezuela grupos criminales de nivel internacional como lo son el Hesbolá, Hamás, la dictadura cubana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
¡Maduro quedó solo!
O no tan solo, pues lo reconocieron como presidente de Venezuela grupos criminales de nivel internacional como lo son el Hesbolá, Hamás, la dictadura cubana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Pero como
nunca le importa, pues no conoce ni el consenso ni tampoco sabe de reglas
democráticas, llamó a su tsj y se paró en cadena nacional (vale destacar que la
dictadura hoy controla el 100% de los medios de comunicación televisivos, de
radio y escritos en Venezuela; elemento que también ha costado sangre y cárcel
de gente que ha puesto su vida y su libertad a merced de la verdad y de la
defensa de la democracia) y se autoproclamó él, con su dream team de matones y asesinos, terroristas y narcotraficantes, como
el presidente “electo” de la República Bolivariana de Venezuela (el actual
presidente del tsj, que por nombre lleva “Maikel Moreno”, es un exconvicto que
entró a prisión por asesinato, pero que también es un criminal que ha estado
involucrado con el tráfico de drogas, el tráfico de personas, el tráfico de armas,
corrupción y delitos de lesa humanidad. Todo esto descansa en expediente).
En virtud de
ello, la Asamblea Nacional decidió desconocer dicha aberración e involucrase
con el proceso al que todos habían evitado justamente por miedo desde al menos el año
2003: apuntar a la caída de la neodictadura chavista-madurista con todas las
herramientas que se tenga a la mano. Y esto costó presos políticos, y otra vez
más muertos, pues Maduro contabiliza alrededor de doscientos cincuenta
asesinatos dentro de los manifestantes que se han atrevido a alzar su voz
frente a la tiranía, sólo durante los últimos seis años (más atrás, más
muertos). Habría que sumar a la gente que ha asesinado por razones políticas y
económicas fuera del marco de las manifestaciones sociales, y que también suman un saldo alarmante y condenable a la situación.
Es justo allí
donde nació la figura de Juán Guaidó, actual Presidente Interino de la
República Bolivariana de Venezuela.
el Presidente Juán Guaidó
cuenta con las pruebas a nivel de flagrancia de todas las “truchadas” que
hicieron durante la pseudoelección presidencial de 2018. También cuenta con el
desconocimiento que la institución a la cual representa dirige hacia el
dictador Maduro, dado que él es el actual Presidente de la Asamblea Nacional (justo por eso le toca investirse de Presidente Interino de Venezuela luego de la frustración del fraude electoral de la dictadura roja). Pero no
deja de sumar el desconocimiento internacional de la envilecida embestidura del
dictador Maduro de hace tan solo unos pocos días (10 de enero). Cuenta de igual
forma con las agallas de un alma harta de tanta injusticia, asesinatos, cleptomanía
y crímenes sistematizados por quienes hasta hace poco llevaban la bandera del
gobierno venezolano.
Juán Guaidó
comenzó una campaña que duró desde el 12 de enero del presente año hasta el 23
del mismo mes y del mismo año, recorriendo todo el país, de arriba abajo y de este
a oeste, amparado en una figura que respalda el texto constitucional y a la que
se le llama “cabildos”. el Presidente Guaidó se dedico a denunciar la usurpación de la
dictadura -dado que ahora se fabricaron ellos mismos una anc, un tsj y ahora
también a un pseudopresidente ejecutivo-, a lo largo de todo el país y por medio
de la realización de cabildos. Según la constitución venezolana, esos cabildos
son de carácter “vinculante” en tanto que las decisiones que emanen de allí,
entre diputados y la gente de a pie, son decisiones que tienen poder jurídico.
Y así el Presidente Guaidó propuso y consultó su ruta política con todos los venezolanos con los que
pudo:
·
a) Cese de la usurpación.
·
b) Gobierno de transición.
·
c) Realización de elecciones libres.
Esta última
ola de protestas políticas en Venezuela acumula en estos tres últimos días al
menos 21 muertes nuevas. Gran parte de éstas son de estudiantes universitarios. Y como el
resto, que desde hace años se han estado produciendo sistemáticamente, están documentadas
en videos subidos en la red de youtube que captan como las fuerzas del estado asesinan y
torturan a los disidentes. Las fotos están colocadas en Google. Todas las
pruebas están ante los ojos de cualquiera. ¡Es flagrante!
4. El temor de una guerra en Venezuela
Pero ¿quiénes
son los que han estado detrás de las instancias del poder en Venezuela durante
todo este tiempo?
El expresidente
y también asesino y dictador Hugo Chávez se alió bruscamente con las guerrillas
colombianas. Y dicen que fue un amor a primera vista ese el que se dio entre el
ya enterrado “Marulanda” y el asesino e investido de Presidente del otro lado de
la frontera. Dentro de ese amor, Chávez suministro al principio no más que
halagos y piropos, pero en la medida en la que los dos corazones se iban
sincronizando mutua y románticamente, Chávez comenzó a ceder cariños y gestos
amistosos de mayor envergadura. Así, les concedió fincas y terrenos en los que
las FARC crearon campamentos de entrenamiento terrorista. También les regaló,
con suficiente amor, fals y ak 47s, granadas y C4, pistolas y revolveres, con
mucha -y quizás hasta más de la necesaria- pólvora para surtir los casquillos
que impulsaron a las balas con las que las Fuerzas Revolucionarias Colombianas
secuestraron y mataron gente. Pues en su orquesta, que corre con la suerte de una
sinfónica de muerte y de sangre con la que los “fígaros” y las “prima donnas” decoran
la ópera que aterra en conjunto a Colombia y a Venezuela, estuvieron incluidos
varios sketches ominosos como los que
Bogotá sufrió hace apenas unos días. El Ejército de Liberación Nacional, aliado
por antonomasia de las FARC y de Raúl Castro, hizo estallar una bomba en una
estación de policías que dejó atrás no menos de veinte muertos.
¡Sí!, más
muertos.
El DAES, en
sus investigaciones, apunta a que el instrumento explosivo que efectuó la
escena se lo habría surtido Nicolás Maduro al ELN por medio de la Guardia
Nacional Venezolana. Y de eso existen suficientes pruebas.
Pero ¿qué
serían las FARC sin los secuestros y la venta de drogas estupefacientes? De
alguna manera tiene que sacar la guita
para financiarse, y es claro esto ¿no?
Comentan que
el amor entre el fallecido Presidente y el enterrado terrorista no conocía
límites ni fronteras. Sexo criminal y alcahueta el que influyó en la
pusilanimidad chavista ante las quejas terroristas de Marulanda porque
necesitaban sacar su “merca” estupefaciente del perímetro colombiano, al mismo tiempo que importar sus productos y
servicios del mercado del secuestro. Entonces Chávez, convencido de haber
hallado a su "media naranja", volvió a ceder, y cedió con bastante
contundencia: decidíó acompañar a la guerrilla con rutas navales y aéreas,
haciendo uso de autos, camiones, aviones, barcos y hasta estómagos repletos de
dediles de cocaína, facilitando los activos y la logística de la Guardia
Nacional y del Ejército venezolano para la colocación de la droga colombiana en
los mercados tradicionales i.e., Estados Unidos y Europa. También surtiéndole
de impunidad ante la ola de secuestros que las FARC emprendieron en Venezuela,
llevándose a casa la cabeza de empresarios y de altos corporativos venezolanos
para que inflaran las finanzas terroristas con el dinero de los rescates.
Y dentro de
esta estirpe delincuencial, se fue formando dentro de las Fuerzas Armadas
venezolanas (FAN) una cúpula criminal, dedicada al narcotráfico, trafico
humano, venta de armas y violación sistemática de los DD. HH. durante
al menos las dos últimas décadas que cuenta la historia coetánea. Son esta
misma gente la que, con mucha cautela, Chávez fue posicionando dentro de las
FAN hasta llevarlos a alcanzar los puestos claves del Alto Mando Militar
venezolano. Las FAN en Venezuela son hoy una banda criminal que no conoce
ninguno de los escrúpulos, capaces de asesinar hasta la madre que los trajo al
mundo, con tal de no perder el poder que les garantiza la libertad y las
grandes fortunas que han logrado conseguir hasta hoy. Estos son los militares
que apoyan a la dictadura de Maduro actualmente.
Y como es de
esperarse, esta gente no va a permitir que caiga la dictadura, pues significaría
el final de sus vidas. Quedarían pobres y presos. De tal forma que se niegan a
reconocer el fraude electoral de Maduro. Tampoco les genera mucha gracia que el
Presidente Juán Guaidó esté atentando en contra de sus intereses. Mucho menos
las operaciones que Mike Pompeo esta dirigiendo por el resto del mundo en
contra de la tiranía venezolana (y no soy apologista del poder gringo).
Esta gente
comienza a hablar de guerra abiertamente. Y al parecer no saben que el tío Sam
es el mismísimo “señor de la guerra”; y entre ambos bandos amagan a “caerse a
tiros” mientras la población venezolana, ya pauperizada y humillada lo
suficiente, queda en el centro de la pugna de poder sin más esperanza de la que
ahora les muestra el Presidente Juán Guaidó.

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